24/04/06
¿Plumeros en el culo?
Es sábado de noche. Está feo, frío y lluvioso. A mi novia le tocó turno nocturno en el hospital y no salí a ningún lado. Son las 3 de la mañana y no puedo dormir. Doy vueltas en la cama como un pollo al spiedo, hasta que tomo el control remoto y me dispongo a matar canales.
Discovery: No tengo ganas de ver como se aparean los animales y yo no.
Deportes: ¿Golf? Eso no es un deporte.
Películas: Una de Kevin Costner. Preferiría ser violado por un burro.
Dibujitos animados: Jonny Quest. ¡¡Matalos Turú!!
Música: ¿Existe solo el rap? ¿Donde quedó el rock?
Historia: Las Cruzadas. Prefiero la versión nueva en Irak, que es en vivo.
CNN: Irak. Demasiado realista. Se que existe el dolor e injusticia infinitos, pero quiero dormir y no sentir culpa y frustración por cosas que no puedo arreglar.
Caigo de repente en uno de esos programas que se dicen eróticos, de bizarras entrevistas vanguardistas under. El nombre es algo asi como “Real Sex TV”. Debo decir que estos programas me parecen para imbéciles. Si uno quiere calentarse, directamente ve porno. Estos programejos que se dicen modernos, no muestran nada explícito ni tampoco generan un clima de erotismo. Ni chicha ni limonada.
Que lindo el erotismo mezclado con la imaginación de la inocencia. Que épocas aquellas de mi primigenia pubertad, cuando un programa como “Las Gatitas y Ratones”(1) del gordo Porcel mantenía mi líbido hirviendo durante una semana completa. Mi scketch preferido era el de la nena que visitaba al carnicero y se agachaba a buscar la pelotita. ¡¡Que linda morocha, por dios!! Hoy en día mi líbido es como el imperio americano. Necesita más y más a cualquier costo para alimentar sus necesidades, amparado por un ego sostenido a base de mentiras. Temo que terminará cayendo, como todo imperio.
Pensando que ya nada me sorprendería, una décima de segundo antes de asesinar el maldito canal, veo una imagen que parece en principio una ilusión óptica. ¿Es verdad lo que veo? ¿Es eso una mujer gordita y desnuda, cacareando mientras unas plumas asoman de su culo, rodeada por un grupete que la aplaude? ¡Si! ¡Eso con plumas es un plumero, no hay dudas! Los plumeros son para sacar polvo, pero no de ese tipo ni en esa forma, -pienso. A continuación entrevistan a un tipo, que dice con total desparpajo: “Comenzamos a meternos cosas por el culo con mi mujer, y ahora tenemos un grupo de 17 personas”. Atónito razoné, que esta gente se reunía para meterse diferentes objetos en el traste.
¿De dónde sale esta gente? ¿Cómo se juntan? ¿Por chat? ¿Tienen un sitio web? ¿http://www.plumerosenelorto.com?
Es sabido que desde tiempos inmemoriales cristianos y paganos aparecen con todo tipo de objetos incrustados en su honor, generando las leyendas urbanas más risueñas. Está el famoso de la botella de coca-cola, el del pepino y el que murió con una sopapa incrustada. El del pepino podría justificarse ante el doctor diciendo que “...estaba en la feria, me desvanecí y caí sentado en un puesto de verduras... y acá estoy doc.”. El de la coca-cola podría argumentar que un español lo mando a “tomar por culo”; pero el de la sopapa.... el de la sopapa va a un lugar peor que el infierno. Si uno es puto, va al infierno. Si uno se suicida va al infierno. ¿Donde podría terminar alguien que muere por una sopapa autoinsertada en el culo?
No tardó mucho mi mente en ejercitarse transpolando diferentes situaciones de este programa a mi vida.
¿Como le propondría yo algo así a una pareja amiga?
Yo: Que rica estuvo la cena chicos. ¡Ahh..! por cierto, con Paola nos iniciamos en eso de meternos cosas por el culo. ¿Les gustaría unirse?
Juanse: ¡¡¡Justamente estábamos pensado eso!!!
Belén: Que increíble. Parecemos conectados. ¿Cuando podemos comenzar?
Yo: ¡Mañana mismo! Traigan la vaselina que nosotros ponemos los plumeros.
Paola: ¡Que suerte mi vida! ¡¡Por fin, lo que esperamos tanto tiempo!!
Yo: Por cierto. Bienvenidos a la AUPATOH (Asociación Uruguaya de Personas que por Ano Toman Objetos Honorablemente).
Paola: Mañana le damos los carnets. Pero no pueden metérselos en el culo. ¿Ok?
Yo: ¡No saben que lindos son los carnets! La única diferencia con un carnet de identidad es que en vez de las huella del dedo gordo, ponemos la foto de tu culo.
¿Como seria el primer encuentro?
Yo: ¡¡Hola chicos, vinieron!!
Juanse: ¡¡Como íbamos a faltar!! ¡¡No pudimos dormir preparando la vaselina!!
Belén: Si no te molesta, traje a mi mamá. Le conté y quiso venir a toda costa.
Paola (emocionada): ¡Que divina tu vieja! ¡¡Eso es unión familiar!!
Yo: ¿Bueno, quién comienza?
Paola (dando saltos): Dale vos, papi. Así los chicos entran en calor y se les va la vergüenza.
Juanse y Belén al unísono: ¡¡Ahhhh.. nosotros queríamos primero, pero dale vos!!
Yo: Ok. Gracias por ese honor.
Juanse: ¿Podemos sacarte fotos?
Yo: Dale. Yo luego le saco a uds.
Luego de quedar culo para arriba, dejarme meter un plumero en el orto y cacarear un poco mientras me sacan fotos y vitorean:
Yo (extasiado): ¡¡Que divertido!! Ahora le toca a uds....
Belén (gritando): ¿¡Pero vos estas soñando!?
Paola (dudando): N-no entiendo.....
Juanse: Nenita... es fácil. Nosotros vinimos para timarlos. Ahora tenemos fotos comprometedoras. ¡¡¡O nos dan guita o se entera todo el mundo!!!
Yo: ¿Y tu vieja? ¿Es cómplice?
Belén: No, del timo no sabía nada. En realidad la trajimos porque le aposté 1.000 dólares a que te hacia meter un plumero en el orto y no se lo quería perder. ¡Imbécil!
La madre de Belén remata: Tenias razón nena. Tu amiguito no solo es estúpido, sino que es re-puto...
Salgo abruptamente de mi ensoñación y sudando recapacito: Cada uno hace de su culo una bicicleta y le deja dar una vueltita a quien quiere, pero la gente de este país es muy cerrada a nuevas experiencias e intentaría sacar provecho de mis extrañas inclinaciones. No hay caso. Mi viejo sueño de ser el Presidente de un grupo de gente que le gusta comerse los mocos, es una utopía.
Giorgio.
(1) Programa argentino de humor erótico (para la época), emitido a finales de los años 80.
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Próximo Artículo. (publicación: 01/05/2006)
Editorial: "La improtancia de no llamarse Washington".
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Visitá el e-Comic El Tio KK.
Discovery: No tengo ganas de ver como se aparean los animales y yo no.
Deportes: ¿Golf? Eso no es un deporte.
Películas: Una de Kevin Costner. Preferiría ser violado por un burro.
Dibujitos animados: Jonny Quest. ¡¡Matalos Turú!!
Música: ¿Existe solo el rap? ¿Donde quedó el rock?
Historia: Las Cruzadas. Prefiero la versión nueva en Irak, que es en vivo.
CNN: Irak. Demasiado realista. Se que existe el dolor e injusticia infinitos, pero quiero dormir y no sentir culpa y frustración por cosas que no puedo arreglar.
Caigo de repente en uno de esos programas que se dicen eróticos, de bizarras entrevistas vanguardistas under. El nombre es algo asi como “Real Sex TV”. Debo decir que estos programas me parecen para imbéciles. Si uno quiere calentarse, directamente ve porno. Estos programejos que se dicen modernos, no muestran nada explícito ni tampoco generan un clima de erotismo. Ni chicha ni limonada.
Que lindo el erotismo mezclado con la imaginación de la inocencia. Que épocas aquellas de mi primigenia pubertad, cuando un programa como “Las Gatitas y Ratones”(1) del gordo Porcel mantenía mi líbido hirviendo durante una semana completa. Mi scketch preferido era el de la nena que visitaba al carnicero y se agachaba a buscar la pelotita. ¡¡Que linda morocha, por dios!! Hoy en día mi líbido es como el imperio americano. Necesita más y más a cualquier costo para alimentar sus necesidades, amparado por un ego sostenido a base de mentiras. Temo que terminará cayendo, como todo imperio.
Pensando que ya nada me sorprendería, una décima de segundo antes de asesinar el maldito canal, veo una imagen que parece en principio una ilusión óptica. ¿Es verdad lo que veo? ¿Es eso una mujer gordita y desnuda, cacareando mientras unas plumas asoman de su culo, rodeada por un grupete que la aplaude? ¡Si! ¡Eso con plumas es un plumero, no hay dudas! Los plumeros son para sacar polvo, pero no de ese tipo ni en esa forma, -pienso. A continuación entrevistan a un tipo, que dice con total desparpajo: “Comenzamos a meternos cosas por el culo con mi mujer, y ahora tenemos un grupo de 17 personas”. Atónito razoné, que esta gente se reunía para meterse diferentes objetos en el traste.
¿De dónde sale esta gente? ¿Cómo se juntan? ¿Por chat? ¿Tienen un sitio web? ¿http://www.plumerosenelorto.com?
Es sabido que desde tiempos inmemoriales cristianos y paganos aparecen con todo tipo de objetos incrustados en su honor, generando las leyendas urbanas más risueñas. Está el famoso de la botella de coca-cola, el del pepino y el que murió con una sopapa incrustada. El del pepino podría justificarse ante el doctor diciendo que “...estaba en la feria, me desvanecí y caí sentado en un puesto de verduras... y acá estoy doc.”. El de la coca-cola podría argumentar que un español lo mando a “tomar por culo”; pero el de la sopapa.... el de la sopapa va a un lugar peor que el infierno. Si uno es puto, va al infierno. Si uno se suicida va al infierno. ¿Donde podría terminar alguien que muere por una sopapa autoinsertada en el culo?
No tardó mucho mi mente en ejercitarse transpolando diferentes situaciones de este programa a mi vida.
¿Como le propondría yo algo así a una pareja amiga?
Yo: Que rica estuvo la cena chicos. ¡Ahh..! por cierto, con Paola nos iniciamos en eso de meternos cosas por el culo. ¿Les gustaría unirse?
Juanse: ¡¡¡Justamente estábamos pensado eso!!!
Belén: Que increíble. Parecemos conectados. ¿Cuando podemos comenzar?
Yo: ¡Mañana mismo! Traigan la vaselina que nosotros ponemos los plumeros.
Paola: ¡Que suerte mi vida! ¡¡Por fin, lo que esperamos tanto tiempo!!
Yo: Por cierto. Bienvenidos a la AUPATOH (Asociación Uruguaya de Personas que por Ano Toman Objetos Honorablemente).
Paola: Mañana le damos los carnets. Pero no pueden metérselos en el culo. ¿Ok?
Yo: ¡No saben que lindos son los carnets! La única diferencia con un carnet de identidad es que en vez de las huella del dedo gordo, ponemos la foto de tu culo.
¿Como seria el primer encuentro?
Yo: ¡¡Hola chicos, vinieron!!
Juanse: ¡¡Como íbamos a faltar!! ¡¡No pudimos dormir preparando la vaselina!!
Belén: Si no te molesta, traje a mi mamá. Le conté y quiso venir a toda costa.
Paola (emocionada): ¡Que divina tu vieja! ¡¡Eso es unión familiar!!
Yo: ¿Bueno, quién comienza?
Paola (dando saltos): Dale vos, papi. Así los chicos entran en calor y se les va la vergüenza.
Juanse y Belén al unísono: ¡¡Ahhhh.. nosotros queríamos primero, pero dale vos!!
Yo: Ok. Gracias por ese honor.
Juanse: ¿Podemos sacarte fotos?
Yo: Dale. Yo luego le saco a uds.
Luego de quedar culo para arriba, dejarme meter un plumero en el orto y cacarear un poco mientras me sacan fotos y vitorean:
Yo (extasiado): ¡¡Que divertido!! Ahora le toca a uds....
Belén (gritando): ¿¡Pero vos estas soñando!?
Paola (dudando): N-no entiendo.....
Juanse: Nenita... es fácil. Nosotros vinimos para timarlos. Ahora tenemos fotos comprometedoras. ¡¡¡O nos dan guita o se entera todo el mundo!!!
Yo: ¿Y tu vieja? ¿Es cómplice?
Belén: No, del timo no sabía nada. En realidad la trajimos porque le aposté 1.000 dólares a que te hacia meter un plumero en el orto y no se lo quería perder. ¡Imbécil!
La madre de Belén remata: Tenias razón nena. Tu amiguito no solo es estúpido, sino que es re-puto...
Salgo abruptamente de mi ensoñación y sudando recapacito: Cada uno hace de su culo una bicicleta y le deja dar una vueltita a quien quiere, pero la gente de este país es muy cerrada a nuevas experiencias e intentaría sacar provecho de mis extrañas inclinaciones. No hay caso. Mi viejo sueño de ser el Presidente de un grupo de gente que le gusta comerse los mocos, es una utopía.
Giorgio.
(1) Programa argentino de humor erótico (para la época), emitido a finales de los años 80.
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Próximo Artículo. (publicación: 01/05/2006)
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07:00 Anotado en Editorial | Permalink | Comentarios (10) | Email esto
17/04/06
Carlitos y el árbol goleador.
Lo sé. Debo admitirlo. Soy de esos tipos que gritan de todo en la cancha. Le grito al juez y a los contrarios, pero por sobre todo me ensaño con las malas jugadas de los chambones de mi cuadro. He berreado todo tipo de improperios, pero son dos mis preferidos: “rústico” y “tronco”. “Rústico” se los espeto a quienes demuestran ser poco ágiles en el dominio del balón; “tronco” directamente es para los que parecen tener palos por piernas.
Lo sé. También debo admitir que soy de esos insoportables que cuando juega un picado, corre por toda la cancha y putea durante todo el partido. Entre los que me sufrieron alguna vez, están todos los del cuadro de barrio de la niñez. Recuerdo que en esos años mi viejo tenía la paciencia y dedicación de llevar a una trouppe de mocosos todos los fines de semana, a jugar interminables partidos de fútbol a diez goles. Estos “picados” duraban horas y a veces jugábamos tres o cuatro.
El escenario de tales épicas jornadas de "campito" era el Parque Batlle. Este parque es donde se ubica el Estadio Centenario de Montevideo, lugar donde otrora se conquistaran ejemplares hazañas deportivas por míticos teams uruguayos y donde hoy en día se luce la desidia de un país que no supo ni siquiera cuidar lo que más lo identificaba.
En fin. Dicho parque tiene varios claros donde se podían desarrollar los más increíbles y sanguinarios partidos de campito, con el único inconveniente de que era un parque muy arbolado. Existen en él árboles de todos los tipos, tamaños y colores. Unos se utilizaban para conformar los arcos agregando algún buzo y los que quedaban entremedio, como los jueces de un encuentro oficial, formaban parte del partido. En alguna ocasión había que eludirlos y, si te daba un rapto de habilidad, podías llegar a tirar alguna pared de árbol.
En el parque tuvimos una época de gloria donde pocos se atrevían a enfrentarnos. Los que conformaban el poderoso team de la esquina de Rodó y Requena eran: Carlitos, Juanjo, Alejandro, el Enano, Fabián, Lalo, mi viejo y yo. Carlitos es uno de esos amigos que siempre están en las malas y con el que solamente me peleaba en el fútbol. No era dotado para ser un jugador de campo, por lo cual se fue especializando en ser el portero del equipo. Una excelente actuación sucedía a una desastrosa, pero con el tiempo fue mejorando hasta hoy en día ser un arquero de confianza.
La cuestión es que nos encontrábamos en uno de esos partidos de campito. Como dije, en esa época teníamos un excelente nivel y goleábamos a quien se nos pusiera adelante. Las víctimas de ese día, no sabían como pararnos y eran aplastados 6 a 0. Todos queríamos ganar 10 a 0. La gracia ya no era ganar el partido, sino ser el goleador. Estábamos tan mal acostumbrados a ganar siempre, que teníamos una competencia interna por ser el goleador del día en el parque.
En un momento, un ataque del desperado y humillado equipo contrario culminó con una atajada de colección de Carlitos. La atrapó en el ángulo. Todos aplaudimos y él orgullosamente picó un par de veces la pelota (ya que había dos chiquilinas del barrio detrás de su arco mirando el partido), y se dispuso a sacar el fulminante contragolpe.
Todos corrimos y pedimos la pelota. Sería un contragolpe mortal. Carlitos dio un fuerte saque de mano con tanta mala suerte, que la pelota pegó en el pequeño tronco de un arbolito que estaba a unos diez metros. La pelota tomo una velocidad inusitada y se encajó en el ángulo derecho del atónito arquero.
Para que se visualice como fue, unos años después Maradona le convirtió un gol igual a los griegos en un mundial, solo que este fue a más velocidad y que el árbol no se lo gritó a la cámara. Juro que la pelota realizó la misma trayectoria y se encajó en el mismo ángulo y que Carlitos quedó igual de parado que el arquero griego. El árbol no festejo, pero sí los integrantes del equipo contrario, que lo abrazaban y gritaban hurras. ¡Increíble! Estábamos “gustando y goleando” y todo se vino abajo por un pequeño arbusto que estaba siendo vitoreado como si de un héroe se tratara.
Fue un golazo tan espectacular que ninguno se animó a invalidarlo, ya que era digno de aparecer en las recopilaciones de los mejores de todos los tiempos y que el otro cuadro ya lo había festejado. Para peor el partido lo ganamos 10 a 1. Sí, lo ganamos 10 a 1, pero el árbol fue nuestro verdugo. Ya no importaba quién fue el ganador. Ya no importaba quién fue el goleador. El arbolito se había llevado todos los créditos.
Todavía hoy en día al ir al Estadio lo veo y siento respeto. Sigue en el mismo lugar, con la frialdad y entereza que solo los grandes del fútbol tienen. Como decía al principio, me gusta gritar en los partidos, pero nunca más le grité “tronco” a un jugador. Nunca más, desde aquel día hace ya mucho tiempo, en que un humilde arbolito del Parque Batlle, fue el jugador del partido.
Giorgio.
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Proximo Artículo. (publicación: 24/04/2006)
Editorial: ¿Plumeros en el culo?
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Lo sé. También debo admitir que soy de esos insoportables que cuando juega un picado, corre por toda la cancha y putea durante todo el partido. Entre los que me sufrieron alguna vez, están todos los del cuadro de barrio de la niñez. Recuerdo que en esos años mi viejo tenía la paciencia y dedicación de llevar a una trouppe de mocosos todos los fines de semana, a jugar interminables partidos de fútbol a diez goles. Estos “picados” duraban horas y a veces jugábamos tres o cuatro.
El escenario de tales épicas jornadas de "campito" era el Parque Batlle. Este parque es donde se ubica el Estadio Centenario de Montevideo, lugar donde otrora se conquistaran ejemplares hazañas deportivas por míticos teams uruguayos y donde hoy en día se luce la desidia de un país que no supo ni siquiera cuidar lo que más lo identificaba.
En fin. Dicho parque tiene varios claros donde se podían desarrollar los más increíbles y sanguinarios partidos de campito, con el único inconveniente de que era un parque muy arbolado. Existen en él árboles de todos los tipos, tamaños y colores. Unos se utilizaban para conformar los arcos agregando algún buzo y los que quedaban entremedio, como los jueces de un encuentro oficial, formaban parte del partido. En alguna ocasión había que eludirlos y, si te daba un rapto de habilidad, podías llegar a tirar alguna pared de árbol.
En el parque tuvimos una época de gloria donde pocos se atrevían a enfrentarnos. Los que conformaban el poderoso team de la esquina de Rodó y Requena eran: Carlitos, Juanjo, Alejandro, el Enano, Fabián, Lalo, mi viejo y yo. Carlitos es uno de esos amigos que siempre están en las malas y con el que solamente me peleaba en el fútbol. No era dotado para ser un jugador de campo, por lo cual se fue especializando en ser el portero del equipo. Una excelente actuación sucedía a una desastrosa, pero con el tiempo fue mejorando hasta hoy en día ser un arquero de confianza.
La cuestión es que nos encontrábamos en uno de esos partidos de campito. Como dije, en esa época teníamos un excelente nivel y goleábamos a quien se nos pusiera adelante. Las víctimas de ese día, no sabían como pararnos y eran aplastados 6 a 0. Todos queríamos ganar 10 a 0. La gracia ya no era ganar el partido, sino ser el goleador. Estábamos tan mal acostumbrados a ganar siempre, que teníamos una competencia interna por ser el goleador del día en el parque.
En un momento, un ataque del desperado y humillado equipo contrario culminó con una atajada de colección de Carlitos. La atrapó en el ángulo. Todos aplaudimos y él orgullosamente picó un par de veces la pelota (ya que había dos chiquilinas del barrio detrás de su arco mirando el partido), y se dispuso a sacar el fulminante contragolpe.
Todos corrimos y pedimos la pelota. Sería un contragolpe mortal. Carlitos dio un fuerte saque de mano con tanta mala suerte, que la pelota pegó en el pequeño tronco de un arbolito que estaba a unos diez metros. La pelota tomo una velocidad inusitada y se encajó en el ángulo derecho del atónito arquero.
Para que se visualice como fue, unos años después Maradona le convirtió un gol igual a los griegos en un mundial, solo que este fue a más velocidad y que el árbol no se lo gritó a la cámara. Juro que la pelota realizó la misma trayectoria y se encajó en el mismo ángulo y que Carlitos quedó igual de parado que el arquero griego. El árbol no festejo, pero sí los integrantes del equipo contrario, que lo abrazaban y gritaban hurras. ¡Increíble! Estábamos “gustando y goleando” y todo se vino abajo por un pequeño arbusto que estaba siendo vitoreado como si de un héroe se tratara.
Fue un golazo tan espectacular que ninguno se animó a invalidarlo, ya que era digno de aparecer en las recopilaciones de los mejores de todos los tiempos y que el otro cuadro ya lo había festejado. Para peor el partido lo ganamos 10 a 1. Sí, lo ganamos 10 a 1, pero el árbol fue nuestro verdugo. Ya no importaba quién fue el ganador. Ya no importaba quién fue el goleador. El arbolito se había llevado todos los créditos.
Todavía hoy en día al ir al Estadio lo veo y siento respeto. Sigue en el mismo lugar, con la frialdad y entereza que solo los grandes del fútbol tienen. Como decía al principio, me gusta gritar en los partidos, pero nunca más le grité “tronco” a un jugador. Nunca más, desde aquel día hace ya mucho tiempo, en que un humilde arbolito del Parque Batlle, fue el jugador del partido.
Giorgio.
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Proximo Artículo. (publicación: 24/04/2006)
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10:15 Anotado en Futbol | Permalink | Comentarios (9) | Email esto
10/04/06
Los niños-monstruo.
Dicen, que muchas veces la realidad supera a la fantasía. En otras tantas, un oculto recuerdo de algo que nos impactó, se convierte en un ensueño difuso en el cual no logramos diferenciar realidad de ficción.
Recordé, que mi madre había contado algo que le sucedió en su adolescencia. Primero sonreí, creyendo vislumbrar uno de esos cuentos de miedo que se relatan a los niños para asombrarlos y hacerles consumir alimentos poco apetitosos.
En medio de ese sin sentido que causa un recuerdo con tintes de aterradora ciencia-ficción, me animé a reclamarle que narrara nuevamente la historia. Le exigí que dijera toda la verdad...
“Todo comenzó con una inocente invitación. Resulta que un hermoso día de verano, mi tía más querida me invitó a la estancia de una amiga. Nos quedaríamos ahí todo un fin de semana. Yo tenía unos catorce años y acepté gustosamente. Era mi oportunidad de salir del tedio de mi rutina diaria.
El viaje transcurrió sin sobresaltos. El paisaje era hermoso. Al llegar vi que el casco de la estancia era colosal. Tenía una bellísima casa principal, rodeada de varias dependencias de servicio y establos. Una importante cantidad de animales pastaba en los verdes campos. Se trataba sin lugar a dudas de una familia muy poderosa.
Me presenté y me alegré al saber que se trataría de un fin de semana de mujeres, ya que solo estarían la amiga de mi tía –esposa del dueño del lugar- y su nuera. ¡Seríamos cuatro mujeres!. ¡Y yo que estaba acostumbrada a pasar los días con mi padre y mis hermanos, todos hombres!.
La mañana transcurrió espléndida, ya que la tranquilidad era reconfortante y la temperatura permitía utilizar el estanque como piscina. Precisamente nadando y chapoteando fue que sentí por primera vez los gritos. Eran desgarradores, guturales. Llegue a pensar que tendrían monos por mascotas, pero no pregunte nada al respecto porque en esa época, con mi edad, uno no podía participar de las conversaciones de los adultos. Los escuché varias veces más, pero evité poner atención en ello.
La habitación de huéspedes donde me toco pasar la noche estaba equipada como si alguien descansara ahí habitualmente. ¡Me sentí más cómoda que en mi cuarto!. De repente, desperté en medio de la noche con los alaridos. Mentiría si dijera que pude conciliar el sueño y dormir tranquilamente.
A la mañana siguiente, en el desayuno, noté conversaciones extrañas entre las damas de la casa. La nuera de la señora, al escuchar los gritos, se levantó y se excusó argumentando que “tenía que alimentar a los niños”. “¿Niños?”-me pregunte. “Yo no los he visto. ¿Dónde los tendrán?”.
Esa tarde la vi caminando rápidamente hacia una dependencia de servicio. Yo siempre fui curiosa y si a eso le sumamos lo que estaba pasando: ¡¿cómo poder evitar seguirla?!. Sin que me notara, la seguí. Al acercarme los gritos se sentían cada vez más fuertes y nítidos. Me trepe a unos cajones para alcanzar una pequeña ventana y ahí los vi. Ellos me notaron porque rotaron sus descomunales cabezas, me miraron y gritaron. Quedé congelada del pavor y corrí los más rápido que pude.
Esa noche con los alaridos aún retumbando en los oídos, mi imaginación no me dejó dormir. Los veía por todos lados: asomándose por la ventana, acechándome desde el ropero. Los sentía respirando agitadamente debajo de mi cama, esperando el momento justo para abalanzarse.
Al amanecer mi tía notó la cara de aturdimiento que yo tenía. Seguramente razonó que yo descubrí lo que escondían, porque inmediatamente arregló la partida por razón de una tonta excusa. Nos despedimos, agradecimos la hospitalidad y partimos. Las dos conocíamos lo que allí se escondía. Nunca más me llevo a ese lugar. Nunca hablamos de ello. Murió varios años después y se llevó a la tumba toda posible aclaración.
Pasaron cuarenta años de ese día y aún hoy recuerdo los gritos y lo que vi por esa ventana: unos niños de unos diez años, corpulentos, encerrados en una jaula de unos diez metros cuadrados, yendo de aquí para allá en andadores de madera, con inmensas cabezas lampiñas, bocas carnosas sin dientes y uñas en forma de garras en sus retorcidas manos. Pero lo más espeluznante y que no podré borrar jamás de mi mente, fue la mirada: apreciaron que los observaba, porque rotaron sus cabezas hacia mí, mirándome firmemente con sus desorbitados ojos enteramente blancos.
Esa es la historia hijo. Y es toda la verdad...”
Me sentí impactado. Lo que me había contado mi madre era cierto. ¡Los monstruos existen!.
Seguramente todavía en algún lugar, a unas decenas de kilómetros, se encuentran esos niños-monstruo confinados en sus jaulas. Tal vez continúan comiendo de pestilentes bateas con sobras, escondidos al mundo por la vergüenza de sus bestiales progenitores, cautivos en sus cuerpos deformados.
Cabe la posibilidad de que existan cosas más horripilantes de las cuales nunca nos percataremos, que nos serán censuradas de las maneras más despiadadas. Quizá sea mejor no quitarnos el velo de los ojos, pero una cosa si es cierta: los niños-monstruo existen y uno podría estar encerrado en el sótano de mi vecino, rasgando desesperadamente la pared para escapar.
Giorgio.
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Proximo Artículo. (publicación: 17/4/2006)
El futbol y su entorno a veces puede ser muy gracioso.
Morite de la risa con la anecdota de "Carlitos y el árbol goleador".
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Recordé, que mi madre había contado algo que le sucedió en su adolescencia. Primero sonreí, creyendo vislumbrar uno de esos cuentos de miedo que se relatan a los niños para asombrarlos y hacerles consumir alimentos poco apetitosos.
En medio de ese sin sentido que causa un recuerdo con tintes de aterradora ciencia-ficción, me animé a reclamarle que narrara nuevamente la historia. Le exigí que dijera toda la verdad...
“Todo comenzó con una inocente invitación. Resulta que un hermoso día de verano, mi tía más querida me invitó a la estancia de una amiga. Nos quedaríamos ahí todo un fin de semana. Yo tenía unos catorce años y acepté gustosamente. Era mi oportunidad de salir del tedio de mi rutina diaria.
El viaje transcurrió sin sobresaltos. El paisaje era hermoso. Al llegar vi que el casco de la estancia era colosal. Tenía una bellísima casa principal, rodeada de varias dependencias de servicio y establos. Una importante cantidad de animales pastaba en los verdes campos. Se trataba sin lugar a dudas de una familia muy poderosa.
Me presenté y me alegré al saber que se trataría de un fin de semana de mujeres, ya que solo estarían la amiga de mi tía –esposa del dueño del lugar- y su nuera. ¡Seríamos cuatro mujeres!. ¡Y yo que estaba acostumbrada a pasar los días con mi padre y mis hermanos, todos hombres!.
La mañana transcurrió espléndida, ya que la tranquilidad era reconfortante y la temperatura permitía utilizar el estanque como piscina. Precisamente nadando y chapoteando fue que sentí por primera vez los gritos. Eran desgarradores, guturales. Llegue a pensar que tendrían monos por mascotas, pero no pregunte nada al respecto porque en esa época, con mi edad, uno no podía participar de las conversaciones de los adultos. Los escuché varias veces más, pero evité poner atención en ello.
La habitación de huéspedes donde me toco pasar la noche estaba equipada como si alguien descansara ahí habitualmente. ¡Me sentí más cómoda que en mi cuarto!. De repente, desperté en medio de la noche con los alaridos. Mentiría si dijera que pude conciliar el sueño y dormir tranquilamente.
A la mañana siguiente, en el desayuno, noté conversaciones extrañas entre las damas de la casa. La nuera de la señora, al escuchar los gritos, se levantó y se excusó argumentando que “tenía que alimentar a los niños”. “¿Niños?”-me pregunte. “Yo no los he visto. ¿Dónde los tendrán?”.
Esa tarde la vi caminando rápidamente hacia una dependencia de servicio. Yo siempre fui curiosa y si a eso le sumamos lo que estaba pasando: ¡¿cómo poder evitar seguirla?!. Sin que me notara, la seguí. Al acercarme los gritos se sentían cada vez más fuertes y nítidos. Me trepe a unos cajones para alcanzar una pequeña ventana y ahí los vi. Ellos me notaron porque rotaron sus descomunales cabezas, me miraron y gritaron. Quedé congelada del pavor y corrí los más rápido que pude.
Esa noche con los alaridos aún retumbando en los oídos, mi imaginación no me dejó dormir. Los veía por todos lados: asomándose por la ventana, acechándome desde el ropero. Los sentía respirando agitadamente debajo de mi cama, esperando el momento justo para abalanzarse.
Al amanecer mi tía notó la cara de aturdimiento que yo tenía. Seguramente razonó que yo descubrí lo que escondían, porque inmediatamente arregló la partida por razón de una tonta excusa. Nos despedimos, agradecimos la hospitalidad y partimos. Las dos conocíamos lo que allí se escondía. Nunca más me llevo a ese lugar. Nunca hablamos de ello. Murió varios años después y se llevó a la tumba toda posible aclaración.
Pasaron cuarenta años de ese día y aún hoy recuerdo los gritos y lo que vi por esa ventana: unos niños de unos diez años, corpulentos, encerrados en una jaula de unos diez metros cuadrados, yendo de aquí para allá en andadores de madera, con inmensas cabezas lampiñas, bocas carnosas sin dientes y uñas en forma de garras en sus retorcidas manos. Pero lo más espeluznante y que no podré borrar jamás de mi mente, fue la mirada: apreciaron que los observaba, porque rotaron sus cabezas hacia mí, mirándome firmemente con sus desorbitados ojos enteramente blancos.
Esa es la historia hijo. Y es toda la verdad...”
Me sentí impactado. Lo que me había contado mi madre era cierto. ¡Los monstruos existen!.
Seguramente todavía en algún lugar, a unas decenas de kilómetros, se encuentran esos niños-monstruo confinados en sus jaulas. Tal vez continúan comiendo de pestilentes bateas con sobras, escondidos al mundo por la vergüenza de sus bestiales progenitores, cautivos en sus cuerpos deformados.
Cabe la posibilidad de que existan cosas más horripilantes de las cuales nunca nos percataremos, que nos serán censuradas de las maneras más despiadadas. Quizá sea mejor no quitarnos el velo de los ojos, pero una cosa si es cierta: los niños-monstruo existen y uno podría estar encerrado en el sótano de mi vecino, rasgando desesperadamente la pared para escapar.
Giorgio.
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Proximo Artículo. (publicación: 17/4/2006)
El futbol y su entorno a veces puede ser muy gracioso.
Morite de la risa con la anecdota de "Carlitos y el árbol goleador".
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