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01/05/06

La importancia de no llamarse Washington...


Washington, Washington.... ¿Porque ese nombre hacía eco en mi cabeza...? Era solo un artículo sobre George Washington. ¿Pero por qué tenía la sensación de que era más que eso? ¿Por qué sentía que George Washington intentaba decirme algo?
Al segundo siguiente lo supe...

Todo comenzó hace un tiempo. Navegando en Internet, me doy de bruces con el siguiente artículo: “Padres le ponen Yahoo a su hijo”.

Esto sin querer hace sangrar una vieja herida. Algo oculto que me carcome desde que tengo memoria: ¿Por qué me llamo Jorge?
Jorge es un nombre normal y hasta es el nombre de varios reyes, pero el terrible drama es que mi padre se llama exactamente igual que yo. Esto ha provocado los más tontos y terribles malentendidos. Es tan fácil como que al llamarnos, vamos los dos como unos idiotas. Lo peor es que para diferenciar el llamado me han puesto todo tipo de sobrenombres. Mi vieja y mi novia me dicen “Tucho”, mi padre “Toti”, mi hermana “Ginio” y mi sobrina “Tite”. Esto no es tan malo si se toma en cuenta que durante años y ya bastante grandecito soporte el famoso y humillante “¡¡¡Jorgito!!!”.

Logro reponerme y casi olvidar, hasta que con el tema del altercado por la instalación de las plantas de celulosa, en un blog argentino apareció una divertida historia sobre la posible invasión de Uruguay a la Argentina por ese problema: “Los 12 orientales: primera miniserie virtual inspirada en la inminente guerra argentino - uruguaya!”.

En el primer capitulo, el comandante uruguayo llamado “Malvín” relatando como reunió a los hombres para la misión, dice sobre su pelotón: “... logré reunir a Washington, experto en explosivos; a Winston, mago de la estrategia; a Wilson, el jovencito; a Walter, el “hombre fuerte”; a Winston Washington, el amo del disfraz; a Washington Winston, el gracioso; a Winston Washington II, el muchacho del interior – es de Carmelo; a Wilson Washington, un muchacho un poco raro; a Winston Winston, el loco impulsivo; y a Walter Washington (a quien le decíamos W.W.), el muchacho de clase alta – vive por Carrasco - y traidor del grupo.
Tengo muchos conocidos Washington, Willmar, Waldo. Que raro debe ser para los argentinos escuchar esos nombres anglosajones de paisanos con alpargatas y mate en mano. “Washington” –pensé-, “ese nombre...”, pero no logre descifrar la incógnita.

El tema del por qué de mi nombre me carcomía, así que tomé fuerzas y le espeté a mi viejo: “¿Tenías tanto ego que me nombraste igual que vos?”. El respondió tajantemente: “¡Fue tu madre la que te puso Jorge!”.

No contaba con esa respuesta. No se que lleva a una mujer a llamar igual a su hijo que a su hombre, y preferí guardar la duda un tiempo más. Pero el destino no lo permitió. Estudiando sobre personajes famosos, me topé con: George Washington ( 22 de febrero de 1732 – 14 de diciembre de 1799) primer presidente de los Estados Unidos (1789 - 1797).

No lo entendí en el momento, pero había algo que me rechinaba al leer ese nombre.
Existía algo en mi cabeza que estaba germinando. Uno de esos momentos en que sabés que encontraste algo, pero aún no sabés lo que es. Ese precioso momento en que la sinapsis por fin te dará algún fruto.

Washington, Washington... ¿Por qué ese nombre hacía eco en mi cabeza…? Era solo un artículo sobre George Washington. ¿Pero por qué tenía la sensación de que era más que eso? ¿Por qué sentía que George Washington intentaba decirme algo?
Al segundo siguiente lo supe...
George Washington es la piedra roseta de mi dilema, la última pieza de este gran rompecabezas existencial.
¡Mi vieja me puso Jorge, por no llamarme Washington! Era Jorge o Washington.
Sin saberlo, tenía el cincuenta por ciento de ese nombre que tanto asombra a los argentinos (y a varios uruguayos también).
No es tan malo -pensé al enfriarme-. No solo Washington’s existen en este país, sino que hay Gumersindos, Venancios, Numbers y demás nombres grotescos.

Mi sed se calmó mínimamente ya que con el asombroso descubrimiento y al saberme con el cincuenta por ciento de un nombre raro, investigué sobre estos en Uruguay. Entre muchos artículos refloté uno que se publicó en los años ochenta. Trataba sobre una nueva ley de regulación de los nombres inapropiados en el Registro Civil. Según la nueva ley, el personal del Registro Civil estaba habilitado a vetar nombres fuera de lugar u ofensivos, a los padres que se disponían a registrar a sus hijos recién nacidos. En el mismo artículo aclaraba, que la mayoría de los nombres extraños se daban por desconocimiento de los padres del significado de la palabra que querían poner por nombre a sus vástagos.

Al finalizar, listaba nombres increíbles que se encontraban en los registros:
Pascualina Masa de Papa, Prostituta Fernández, Wander Cuadro, Velorio González, Odio Papito, Pepa Colorada, Esquizofrénico Pérez, y mi preferido: Glóbulo Rojo.

Nuestro nombre es gran parte de lo que somos. Marca a una persona de por vida, lo rotula y es la forma de referirse a la misma y de llamarlo. Es el segundo regalo de nuestros padres, luego de la vida. ¿Cómo alguien puede ser tan animal de nombrar así a un hijo?
Pascualina a la mamá:”¡¡Mamá!! ¡¡decidí que voy a hacer un curso de cocina!!
El hijo al padre: “Te presento a mi novia Prostituta....
En la escuela: “Juan Pérez”...”Presente!!”, “Odio Papito...” (una lágrima recorre la mejilla del pequeño Odio).
El Doctor le dice a Glóbulo Rojo: “Lamentamos informarle que tiene anemia”.
Comunicado en TV: “Solicitamos donantes de sangre de todos los tipos para el señor Glóbulo Rojo. Muchas gracias.

Pobres aquellos que están signados desde su nacimiento, y por sus padres.

Aunque no lo crean, luego de esta investigación me siento mucho mejor. Ya no me persigue esa incógnita. Además observando atónito el nombre “Odio Papito” deduzco que al menos, mi madre al ponerme “Jorge” lo quería a mi viejo (o por lo menos no lo odiaba).

En realidad lo que descubrí en definitiva es que mi vieja era terriblemente previsora. En la históricamente convulsionada Latinoamérica, a una generación por medio le toca emigrar para salir de una vida miserable. Y cualquiera sabe que alguien que habla español y se llama Washington es un uruguayo. Un uruguayo o lo que es igual, un despreciable inmigrante ilegal. Por esto mismo anuncio, que a mi primer hijo varón lo nombraré Jorge Washington.

Giorgio.

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Próximo Artículo. (publicación: 08/05/2006)

Editorial: Masacre en Gaboto e Isla de Flores.
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07:00 Anotado en Editorial | Permalink | Comentarios (8) | Enviar a Email | Tags: humor

Comentarios

Al leer este interesante artíclio me viene a la cabeza una graciosa historia.
Resulta que el paisano Trade Mark (que asi le pusieron gracias a que el primus con el que cocinaban en la casa tenia la "marca registrada") concurre a la parroquia del pago muy contento y orgulloso portando a su primogénito, casi que blandiéndolo para que lo vieran bien. Al llegar, y para hacer mas corto el relato, lo recibe el cura párroco y después de saludarlo y bendecirlo y todas esas cosas que hacen algunos curas además de violar menores, lo felicita con efusión.
Tras felicitarlo le pregunta cuando lo va a bautizar y como le va a poner a su primer hijo.
Agosto Catedral, respondió.
Silencio.
Mas silencio.
¿cómo? preguntó el religioso.
Si Agosto Catedral.
¿?
El cura al ver el futuro de ese niño en sus manos le comenta al paisano Trade si era necesario eso. Que le parecía bárbaro que fuese tan creyente pero que el niño no tenía la culpa.
Ante semejante respuesta el devoto creyente se le enojó.
Y claro, le dijo, ustedes (por el cura) bautizan sólo a la gente con plata.
Pero eso es un disparate le dijo el cura.
A si entonces explíqueme como hizo Julio Iglesias.

Anotado por: manco | 02/05/06

Tengo otro.
El tipo no había llegado en el m,ejor momento de la pareja entonces le pusieron Juan Culo.
No tengo que explicar por lo que este tipo tuvo que pasar.
Al llegar a la mayoria de edad antes que festejar su cumpleaños se va a hacer los trámites para cambiar su nombre y también su futuro.
Ahora se llama Ernesto Culo.

Anotado por: manco | 02/05/06

Jajaja... manco.. tal cual.

ahi va un link con un articulo sobre nombres raros en uruguay. http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-1233-2004-02-15.html

entre los que lista, se pueden encontrar: Flash, Pejerto, Dulce, No Me Olvides, Teléfono, Filete, Flor de té, Arbol, Oxígeno, Horina, Flor de un día, Dos a uno, Esmédico, Democrático Palmera, Potranca Ruana, Chupita, Amada Inglaterra, Julio Treintayuno, Tocayo, Banda Oriental, Circuncisión, Feo Lindo, Sol y Luz, Daniel Pistola y Libre Albedrío.

Anotado por: Giorgio Ponti | 02/05/06

Buenísima la historia y buenísimos también los comentarios del "manco"
Nada bueno al que se le ocurrió ponerle "Tomás" a un hijo teniendo por apellido "Leche"!!!!!!
Y aunque parezca mentira, existió un "Juan Culo"!
Resulta que un inglés llamado John Cullow (o algo asi) vino a hacerse los papeles y los siempre amables empleados del Registro Civil no tuvieron mejor idea que anotarlo como Juan Culo.

Anotado por: bel | 03/05/06

Jajaja.. Juan Culo.!!! .. pobre tipo!!

Anotado por: Giorgio Ponti | 03/05/06

"el" manco y "la" bel se van pa'rriba, qué buenos sus comentarios... me hice de la risa, je!... no olvidéis q soy un ángel y como tal no debo ser muy chavacano/a (no tengo sexo, aclaro), además no soy de esos q fueron "caídos" del cielo (?????)

"el" ponti es lo + sutil y crá, muy bueno el relato

ahora, si esa anécdota de los burócratas del Registro Civil es verdá, ay!, qué país mi dios!... en dónde me podría conseguir otro Santuario???... qué lo parió

Anotado por: Angel 23 | 03/05/06

Otra anécdota sobre nombres curiosos y las terribles consecuencias que puede traer a algunos incautos.

En una reunión de sociedad, aparece uno de estos tipos campechanos, que siempre abren la boca de más y meten la pata. Se presenta ante una señora de lo más aristocrática. Yo me la imagino envuelta en unos zorros y con anillos de brillantes, como para darle más color al relato.
Cuando la señora le espeta su nombre "Chonchón Parruquetti de Benós Montero" y éste, pensando que era cachada, le responde: "Antón Pirulero, mucho gusto"

Anotado por: bel | 10/05/06

Giorgio, mi padre Washington , también mi hermano, después de tantas vueltas no se te ocurrió que aunque sea yanqui tuvo algunas buenas ideas ¿ o no?

Anotado por: mecuru | 17/05/06