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03/04/06
Chanzas Callejeras, Vol I. - "El Hilo" -
Este es el caso de la “Chanza Callejera” de “El Hilo”.
Resulta que, me encontraba bastante aburrido en uno de los cumpleaños de mi vieja, cuando, por esa suerte que a veces nos depara el azar, Vladimir, un tipo de unos 2 metros de altura con nombre de Ruso malo, pero más bueno que el pan, dejo escapar este lejano recuerdo a través del habla: “...y nosotros poníamos un hilo enganchado en un árbol y cuando pasaba la gente se enganchaba y nos reíamos...”.
Poco pudo imaginar que ese jocoso comentario de un recuerdo escondido en lo más recóndito de su ya maduro cerebro, podría ser el fuego que encendería la antorcha de los nuevos juegos de las buenas chanzas.
Esa noche no pude dormir, pensando como tomarían la idea mis amigos de la esquina. Con ellos pasábamos las tardes enteras jugando al fútbol callejero, acumulando un sin fin de vidrios rotos y denuncias en la seccional 5ª.
Luego de llegar del liceo, hurté velozmente un hilo negro de la máquina “Singer” de mi vieja y salí raudamente hacia la esquina donde siempre confluía el grupete. “Tengo una idea brillante”, –dije. No creo que me creyeran. Este tipo de joda brillante se da cada eclipse de sol y creo que ninguno en ese momento se dio cuenta del fulgurante tesoro del cual seriamos testigos de nacimiento. “Miren, el amigo de mi viejo ...” –y les conté todo, mostrándoles a continuación el rollo de hilo negro. “Vamos a probarlo hoy de noche”, -concluí.
La tarde trascurrió tranquila, con algún que otro clásico de cabecita, cordoncito o centros al área. Lo normal. A llegar la noche, la cosa se ponía aburrida no solo porque la iluminación era pobre como para jugar al fútbol, sino también porque éramos unos adolescentes a la antigua, que ni miras de poder levantar a alguna bella damisela, como ocurre hoy en día. Bella damisela? En realidad no nos daba bola ni los bagartos del barrio.
En fin. Ese grupete de adolescentes con exceso de hormonas, llegó a la noche con ganas de sacar un poco de energía y que no fuera siempre de la misma manera. Me dirigí a un árbol, enganche el hilo en él y luego a una reja en la pared. El grupo, que era muy afín a probar nuevas formas de molestar a los vecinos, se sentó en la escalera en forma de tribuna del viejo Benito, a la espera de lo que sucedería. Luego me les uní y quedamos agazapados, esperando a la primera víctima.
Ya vimos que el suspenso era atrapante, ya que, nunca se sabía quien podía caer. Primeramente dobló una viejita...
_“Uuuuh!!! Justo cruzó!!!”.
_“Cómo te salvaste viejita!!!”.
_“Pará!!.. ahí viene el nabo del 5to”...
Clunck!!!!!.
_“Juaaaaaaaaaa!!!”.
¿¡Como describir cómo reboto y el susto que se pegó el pobre idiota!?. ¡Increíble!.
Teníamos en nuestras manos algo que nos daba la posibilidad de matar las anodinas tardes-noches con ¡suspenso, venganza y humor!.
Pronto nos convertimos en profesionales y adictos del hilo. Los cordeles desaparecían de manera poco común de las máquinas de coser de las madres. Pasamos a hacer todo tipo de variantes. Ya no era un hilo solo: era una telaraña. Ya no nos sentábamos lejos: lo hacíamos en el árbol que quedaba en la puerta de un edificio y nos escondíamos en el palier a oscuras a ver lo que sucedía a dos metros. Éramos una comunidad de maestrosaracnidos de la caza con hilos y cada transeúnteinsecto, nuestra incauta víctima.
Manejábamos los tiempos y las combinaciones. Poníamos dos árboles sí, un árbol no y otro árbol sí, haciendo que la gente terminara dudando de por donde podía caminar segura. No sentíamos titiriteros divinos que seleccionaban los caminos de vida de las almas caminantes, mediante nuestros hilos mágicos.
Al tiempo esto no fue suficiente. Queríamos más. Por ahí uno dijo de poner alambre en vez de hilo. Pero éramos muchachotes jodones, no asesinos decapitadores de transeúntes.
De las variantes que fueron apareciendo, la mejor de todas fue la de atar un extremo del hilo al llamador de una puerta. Al otro extremo, lejos, como en la esquina, nosotros. Más de un vecino enloqueció al no descubrir nunca al llamador invisible que lo acosaba. Se podría decir que fue una variante brillante del famoso “ring-raje”. Con esto podíamos tocar y no rajar, pudiendo ver la reacción y neurosis de la persona al salir y no ver nada. Y como todos sabemos, no hay nada más sabroso, que poder ver los resultados de una maldad bien hecha.
Giorgio.
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Proximo Artículo. (publicación: 10/4/2006)
Dicen que muchas veces la realidad supera la fantasía.
Descrubrí la aterradora realidad en "Los niños-monstruo".
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09:00 Anotado en Anecdota | Permalink | Comentarios (2) | Enviar a Email
Comentarios
Que bueno recordar las épocas cuando se acostumbraba jugar en la vereda hasta las 10, 11 o 12 de la noche. Todos los que tenemos hoy de 30 para arriba acostumbrábamos de púberes-adolescentes a juntarnos con los amigotes a hacer alguna "salvajada" que otra.
Esto me recuerda cuando con mis amigos del barrio pegábamos una moneda en la vereda. Por supuesto que la moneda era de las de más alta denominación, para que valiera la pena agacharse a recogerla. Nos hacíamos encima. Había quienes se ensañaban tanto que hasta sacaban una llave como para hacer palanca.
Saludos
Marcelo
Anotado por: Marcelo | 03/04/06
Es verdad Marcelo. Creo que nos mandamos unas de esas tambien. En esa onda andaba tambien el Splash!, que sera tema de otro relato.
Salu2.
Anotado por: Giorgio | 04/04/06



